El último fin de semana, la movida bajó de intensidad en la villa veraniega.
Parece que Fito Páez ofreció un ameno recital, intimista, en que las notas de sus teclados, la claridad de su voz y su lírica nostálgica se conjugaron en el imponente marco nocturno del lago. El escenario estuvo montado unos metros dentro de las aguas (se accedía por una plataforma frontal), por lo que el selecto público se desparramó en torno a la coqueta orilla; bastante alejado del bullicio ya descendente de la zona de discos de San Bernardino.
Digo que parece, porque resultó ser una semi cobertura, una cobertura mínima, del concierto debido a la mala onda del local donde tuvo lugar: Bambuddha, ya que prohibieron el ingreso de este medio. Resulta muy argel que obstaculicen el tranquilo desarrollo de esta tarea, luego de tanto viaje y de promover su espectáculo público, y que solo den la cara unos guardias que haciendo su trabajo no saben nada y hasta resultan hostiles.
Luego se permitió el ingresó a La Nación, pero censuraron el acceso a los cronistas de Crónica (que forma parte del mismo grupo comunicacional), dentro de un exclusivismo tan criollo y radical, que al final resulta contraproducente. Quizá la casa se reserve el derecho de admisión, pero una postura restrictiva solo menoscaba la imagen del establecimiento y de sus eventos, y no evitará que Crónica y Popular publiquen sobre el asunto.
Pero si van a confeccionar una bendita lista de invitados, que al menos contesten las llamadas, respondan los emails o pongan a alguien eficiente para organizar mejor la labor con la prensa. Novatos ya no somos.
Hace una semana nomás que le bajábamos la caña al prejuicio y la intolerancia por las pedradas contra K-Chiporros, comentario al que le faltó nivelar al realzar también la desinteligencia organizativa. Misma historia.
Se generó la discusión, para unos el cartel estaba de cabeza, si abría la banda tropical, quizá el rechazo hubiera sido pasivo, esa hubiera sido la noticia, porque la multitud no habría empañado el resto del festival. No sabemos. La violencia se dio y resultó en más violencia, tardía e innecesaria, entre parte del público y la policía. Moraleja: no mezclar agua con aceite.
Aunque no fue una de las temporadas más arrasadoras, fue activa y corta. Tuvo su pico con el Festival de Pilsen, y el último fin de semana ya mermó en concurrencia. El próximo sábado, San Ber ya tiene el Día de los Enamorados en contra, y luego ya la avalancha real de los carnavales.
Fuente: www.lanacion.com.py
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