Más de diez mil personas acudieron el sábado al anfiteatro José Asunción Flores.
Bastó con que una piedra diera en la cabeza del vocalista de Kchiporros para que se arruinara la fiesta que hasta entonces se disfrutaba en el imponente marco que ofreció el anfiteatro de San Bernardino, luego de tanto tiempo, con más de diez mil personas, el sábado último.
La intolerancia de unos pocos inadaptados no permitió que el grupo nacional cerrara el festival organizado por Pilsen, e hizo añicos el buen ritmo que desde las 20:30 motivaron los nacionales Pipa Para Tabaco, los uruguayos La Vela Puerca y los grupos argentinos Los Cafres y Árbol.
Tras ese torrente de ritmos festivos del rock, reggae, ska, sonidos folclóricos y tropicales (nadie reaccionó mal cuando Árbol emprendió la cumbia con Chikanorexika), a medianoche se dio un espacio prudencial de 40 minutos para que quienes no gustaran de la propuesta de Kchiporros pudieran retirarse, ya satisfechos.
Sin embargo, entre los miles que sí querían escuchar a esta banda quedó un pequeño puñado de inciviles con la sola y estúpida intención de incidentar. Al comienzo, cuando ni aún había abierto Pipa, éstos ya estaban promoviendo epítetos contra el grupo de cumbia pop.
Los que arrojaron proyectiles hacia el escenario no vieron a los tamborileros de Kamba Kua sumándose con su colorido y cadencia a la entrada de Kchiporros (ellos iban a participar en un par de temas, y también fueron víctimas de la lluvia de piedras y latas); tampoco vieron al cantante Pedro Lerea de Pipa (iba a aportar su voz en un reggae) o a Sebastián Teysera, vocalista de La Vela, pidiendo calma y demostrando la hermandad que existe artísticamente entre estos músicos.
Al interpretar la mitad de la primera canción que fue Yapirona, Julio Troche fue herido en la cabeza, mientras en graderías se gestaba una trifulca entre los atacantes y personal de seguridad que intentaba contenerlos. Entonces se desenchufó todo y empezó a desarmarse el equipo. La fiesta no fue completa.
Aunque no guste la música o quiénes son los Kchiporros, lo condenable es la actitud. Quien fuera que estuviera en el escenario, los cascotazos, de gran tamaño y afilados, eran criminales. Y cuál es el mérito de agredir a un artista nacional más, porque eso está muy lejos de la dignidad que puede tener arrojarle zapatos a Bush en Irak.
Algunos creyeron provocativo que se incluyera a Kchiporros en el cartel de este festival. Por un lado, habría que entender que el directorio que hasta hace tres años organizaba Pilsen Rock había cambiado; el actual optó por armar este loable evento (a falta de atractivos masivos e internacionales) y la elección del grupo fue de acuerdo a los estándares comerciales de la empresa y para la temporada, en los que lastimosamente no encajaban más bandas locales como Flou, Revolber o Área 69.
En todo caso, el rockero con una mentalidad abierta comprenderá que el género muchas veces fue bandera contra los prejuicios y a favor de la solidaridad; y que hoy se derrumbaron muchas barreras entre los estilos, ya no hay purismos. Ojalá que la visión talibán de estos pocos no ensombrezca las posibilidades de disfrutar de más espectáculos de primer nivel.
Fuente: www.lanacion.com.py
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